LA NOCHE QUE EL MUNICIPAL LINENSE SE VISTIÓ DE ALBIRROJO

La tradicional y picante rivalidad entre las aficiones de Algeciras y La Línea vivió un brillante capítulo para la primera de ambas en la noche del lunes 25 de agosto de 1980. En aquella velada inolvidable para muchos algeciristas, el equipo albirrojo fue campeón del XI Trofeo Ciudad de La Línea que, tras la celebración de sus primeras ediciones, se había convertido por méritos propios en uno de los auténticos clásicos del verano futbolístico en España. Esta cita deportiva atrajo hasta el Campo de Gibraltar a las mejores escuadras del mundo y, desde aquella noche, inscribió al Algeciras Club de Fútbol en su cuadro de honor como campeón.

www.algeciristas.com conmemora el 25º Aniversario de la victoria del Algeciras CF en el
XI Trofeo Ciudad de La Línea

La organización del Ciudad de La Línea buscaba aquel año, sin duda, hacer un trofeo más modesto que en oportunidades anteriores y que no decayeran ni el interés deportivo ni los resultados económicos. La verdad es que la fórmula elegida fue bastante original. El campeonato siguió siendo un cuadrangular y no perdió el carácter internacional que tanta fama le había granjeado. Disputaron el trofeo el Kenitra marroquí, el Lusitano de Évora portugués, la Real Balompédica Linense y el Algeciras Club de Fútbol. Además, hubo éxito económico. A la final acudieron más de 11.000 aficionados.

Las semifinales (Algeciras-Lusitano y Balompédica-Kenitra), depararon la final soñada, un Balona-Algeciras que podía venir más que bien a las taquillas linenses en una pretemporada en la que había hambre de fútbol porque, entre otras cosas, la televisión no ofrecía tantos partidos como en la actualidad.

Hasta La Línea se desplazó una importante representación de la hinchada algecireña. Y en el palco del estadio Municipal compartieron las vivencias de aquel choque los alcaldes de la ciudad anfitriona, el socialista Juan Carmona, y de Algeciras, el comunista Francisco Esteban. La presidencia albirroja la ocupaba entonces Antonio Ruiz Simón, brillante protagonista de dos épocas doradas para el algecirismo que coincidieron con sus mandatos. El presidente de la Balona era Francisco Rodríguez Granados.

Algecireños y linenses no lo tuvieron fácil para alcanzar la final. Unos y otros hubieron de eliminar a portugueses y marroquíes en la tanda de penaltis y, curiosamente, con los guardametas Goyo (Algeciras) y Tinajero (Balona) convertidos en héroes de sus respectivos equipos.

El partido que decidiría el campeón fue intenso y pleno de expectativas. No parecía un choque de pretemporada veraniega. El Ciudad de La Línea era un trofeo con mucho nombre y ambos clubes querían adjudicárselo para figurar en el palmarés junto a equipos de la talla del Real Madrid, el Barcelona o el Sevilla. El entrenador del Algeciras CF, el sevillano Manuel Ruiz Sosa, alineó aquella noche a Gómez, Valencia, Trassante, Malavert, José Antonio Asián, Pastor, Ventura (Calabuig, en el descanso), Heredia (Bartolí), Carracedo, Villalba y Galleguito.
El técnico linense, Antonio Reyes, que había entrenado al equipo algecireño en el pasado, configuró un bloque formado por Tinajero, García, Bautista, Aparicio, Lorenzo, Iñaki, Joaquín, Noly, Juani (Rafa, min. 79), Vera y Quirós (Charlo, min. 89). El duelo fue arbitrado por el malagueño Díaz Fernández, quien se topó con un choque pleno de tensión y al que, quizá y según cuentan las crónicas, le vino un poquito grande. Expulsó a Carracedo, Villalba, Bautista y Joaquín.

Emoción y triunfo in extremis

Ya es sabido que los partidos de fuerte rivalidad están llenos de precauciones y no suelen ser ejemplo de buen juego y espectáculo. Aquel Balona-Algeciras no se salió de este tradicional guión. El cronista deportivo José Maldonado, quien cubrió el choque para el diario Área, habla en su información de un encuentro en el que sólo el primer tiempo mereció verdaderamente la pena: “El partido solamente ha tenido la primera parte, un primer tiempo pletórico de fútbol y donde la mayor contribución la ha puesto la Real Balompédica Linense, ya que jamás permitió que el contrario se le subiera a las barbas ni consiguiera tan solo nivelar la balanza del dominio”. Eso sí, el portero Tinajero detuvo en tiempo de juego el lanzamiento de una pena máxima del albirrojo Galleguito.

En la misma crónica, José Maldonado subraya que el Algeciras llegó más entero a la segunda parte y supo esperar cual cazador oculto tras la mata. El pitido final llegó con empate a cero en el marcador. Más emoción. Más nervios. Y en el minuto 15 de la primera mitad de la prórroga, el catalán del Algeciras Bartolí lanzó una falta rasa y con efecto que, en primera instancia, paró Tinajero pero... él mismo acabó por introducir el balón en su propia portería. Fue el 0-1 decisivo para una competición veraniega cortita en goles –ambas semifinales se resolvieron con tandas de penalties- pero llena de emoción.
El jarro de agua fría para los linenses supuso para el Algeciras CF llevarse el Trofeo al otro lado de la Bahía. El uruguayo Carlos Trasante, capitán rojiblanco, lo recogió de manos del alcalde de La Línea en un ambiente lógico de alegría visitante y decepción local.

Aquella fue una noche de dureza y lucha en el terreno de juego, pero de cordialidad y cooperación entre los principales equipos de fútbol del Campo de Gibraltar. El Algeciras estaba recién descendido de la Segunda A, en la que había militado en las campañas 1978/ 79 y 1979/ 80 tras el célebre ascenso cristalizado frente al Gerona en el viejo El Mirador. Ni Algeciras ni Balompédica habían inscrito hasta aquel momento sus nombres en la nómina de campeones. Sí lo habían hecho, desde 1970 –el año de la creación del torneo- conjuntos como Valencia CF, Rapid de Viena, Dukla de Praga, Real Betis Balompié, Hadjuk Split, RCD Español, CD Málaga, UD Salamanca, Birmingham y la Selección Olímpica de Hungría. La anfitriona de la competición, la Real Balompédica Linense, no se alzó como campeona hasta la XXVI edición, en la que venció al Málaga (2-1)

El Ciudad de La Línea vivió tras aquella victoria algecireña más días de gloria, pero el declive de los trofeos veraniegos y la saturación de retransmisiones televisivas de partidos en pretemporada acabaron por afectarle.