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LIGA 1993/ 94 . UN DESASTRE MUY LOCAL
La Liga 1993/ 94 fue desastrosa para el Algeciras Club de Fútbol. Sólo una década después de haber militado en Segunda A, el equipo se veía abocado a jugar en el grupo gaditano de la Regional Preferente. Una reestructuración federativa realizada al final de la campaña anterior, en la que había logrado la permanencia en Tercera división con muchos apuros, mandó a los albirrojos al pozo. Muchos campos de tierra y entidades modestas serían compañeros inseparables de viaje durante bastante tiempo. El Algeciras no lograría volver a categoría nacional en 1994. Y para colmo, en la tarde aciaga del 24 de abril de este mismo año, el Algeciras, que no se jugaba nada, descendería al Pastores, otro club algecireño, a Primera Regional. Puro desatino.
La primera campaña del Algeciras en la Regional de esta época fue decepcionante. El equipo ganó 22 partidos, empató 14 y perdió 6. Marcó 76 goles y encajó 37. La puntuación final fue 58+16. El conjunto de El Mirador quedó tercero, por detrás de Conil y Chiclana, que se aseguraron disputar la liguilla de ascenso.
Esta etapa albirroja estuvo marcada por una caída libre permanente, que arrancó con el fallido intento de ascenso a Segunda B en 1992 y que todavía perduraba varias temporadas después. El equipo y la entidad estaban heridos de muerte y el fantasma de la desaparición se paseó muchas veces por el viejo El Mirador.
El equipo de la 93/ 94 estaba entrenado por Manolín Núñez, un técnico barbateño con buenos fundamentos que, años después, acudiría a campeonatos mundiales de fútbol con la selección de Bolivia, país en el que trabajó durante algunas campañas. Ni que decir tiene que el Algeciras estaba compuesto por jugadores de la casa, bastante jóvenes en su inmensa mayoría. Era el plantel de los David, Joya, Eladio, Raúl Pro, Cristóbal, Fran Ortega, Salva Pro, David Vadillo, Sergio Checa, Paco Ramos, Juanjo, Rafael Platero (hijo) o Julio Cabello.
La irregularidad marcó la Liga para los algeciristas, a los que una afición cansada de tanto vaivén y tanto desacierto había dado prácticamente la espalda. El Algeciras llegó a la última jornada sin posibilidad alguna de acceder a los dos primeros puestos que daban derecho a jugar la liguilla de ascenso a Tercera. El grupo de Regional estaba plagado de clubes modestos del Campo de Gibraltar: Los Barrios, el San Bernardo de la Estación de San Roque, el Guadiaro, Recreativo Linense, Tarifa y la Unión Deportiva Pastores, de Algeciras.
En la última jornada, el calendario deparó un Pastores-Algeciras y un Tarifa-Guadiaro. El destino balompédico, tan caprichoso, quiso que el Pastores tuviese que ganar al Algeciras y no depender del resultado entre Tarifa y Guadiaro para salvarse.
Un partido extraño
El Pastores-Algeciras del 24 de abril de 1994 es un partido que queda para la historia del fútbol algecireño y lo especiales que pueden llegar a ser las cosas que ocurren en este pueblo. Ambos equipos de la ciudad estaban llenos de jugadores que habían vestido las dos camisetas. En el Pastores, por ejemplo, jugaban esa tarde Pepito Gil, un defensa mítico para el algecirismo, o Galleguito, que, con sus goles, hizo vibrar al viejo Mirador muchas tardes.
Todo parecía preparado para que el conjunto de la barriada algecireña venciera sin problemas y se asegurase la permanencia. De hecho, Galleguito ya había marcado en el minuto 10 un 1-0 que se mantendría sin alteraciones hasta casi el final del partido.
Y entonces se produjo la hecatombe. El juvenil Sergio Checa remató a puerta y Juan Gandiaga, del Pastores e hijo del ex presidente algecirista en esos momentos a los mandos de los albiazules, no acertó a despejar. Tras el gol del empate algecirista (1-1) no hubo tiempo prácticamente para nada y… el Algeciras había sentenciado al Pastores.
Mucha tensión
En el entonces campo de tierra de La Unión se vivieron escenas de mucha tensión, con reproches a los albirrojos por el resultado final. Efectivos de la Policía Nacional hubieron de calmar algunos ánimos bastante exaltados y Juan Gandiaga, el ex presidente del Algeciras, se preguntaba en pleno llanto cómo había podido su antiguo club hacerle semejante faena.
José Antonio Asián, técnico del Pastores, argumentó su ética profesional y rechazó la oferta algecirista de regresar al banquillo local de El Mirador en la siguiente temporada, la 1994/ 95.
Es difícil señalar con rigor las causas de aquella tarde desafortunada. En los mentideros futbolísticos estaba claro, eso sí, que Manolín Núñez, el entrenador del Algeciras, había mantenido “excesiva tensión y profesionalidad” ante un choque en el que no se jugaba nada. Era cierto, también, que Núñez sabía que no sería el máximo responsable técnico algecirista en la Liga siguiente y conocía, además, que su sustituto era el rival de aquella tarde, José Antonio Asián. En fin.
Sorpresa en Guadiaro
El fallo en cadena del balompié algecireño tuvo secuelas en el pueblo de Guadiaro. Sus jugadores habían ganado en Tarifa pero se creían descendidos al llegar a sus casas porque desconocían el empate entre Algeciras y Pastores. Para su sorpresa, la hinchada celebraba por todo lo alto en la calle que los equipos algecireños habían igualado, lo que sumado a la victoria de los suyos en Tarifa (1-2) les mantenía en la categoría. El entrenador de los guadiareños, el linense Juan Enrique Díaz, llegó al pueblo bastantes minutos después, tras haberse bajado del autocar en el cruce con La Línea pensando en que había descendido. Nada más lejos de la realidad.