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Juanjo fue un fijo de las plantillas algeciristas a finales de los ochenta y durante toda la década de los noventa. A su carisma en el vestuario -fue capitán bastantes temporadas- se unía su briega y trabajo constante en el centro del campo. Era muy polivalente. Podía jugar sin problemas en la defensa, donde parecía sentirse tan cómodo como en el círculo central. Estas cualidades lo convertían en un jugador imprescindible que, sin gran calidad técnica, reunía prácticamente todo lo que cualquier entrenador quiere tener en la medular del rectángulo de juego. "El vasco", como era conocido por el algecirismo, se implicó de pleno en los malos tiempos albirrojos del deambular por Tercera y Preferente. Ya estaba en el club en la Segunda B de la 1988/ 89 y participó en el regreso a la categoría de bronce de la 1997/ 98. Toda una década de entrega a los colores rojiblancos. |