Camargo no se ganó su apodo futbolístico
de “Pedernal Camargo” por casualidad. Este defensa central
albirrojo, clave en la temporada del regreso a Segunda –la 1977/
78- era duro y expeditivo como pocos. Verlo jugar era deleitarse con su
entrega y su derroche de energía. De tal manera que se convertía
en el clásico seguro atrás. A Camargo le tocaba marcar a
los atacantes rivales más peligrosos, una tarea de la que solía
salir triunfante. Su carrera deportiva fue larga. Jugó en el Real
Melilla, Atlético Malagueño, Jerez, CD Málaga, Eldense,
Atlético Marbella y Algeciras. Desde El Mirador marchó una
campaña cedido al Estepona, para regresar luego a la entidad rojiblanca
y retirarse de la práctica del fútbol en nuestra ciudad.
La Liga antes referida, la 77/78, la concluyó gravemente lesionado
y se perdió los últimos partidos. Sin embargo, Camargo era
el único integrante de la plantilla que el club había renovado
para que participase en la nueva andadura en la categoría de plata.
Sus potencialidades hicieron pensar a muchos que Camargo se asentaría
en Primera división. Él mismo explicó a Maestranza
por qué no pudo ser así: “No he llegado a más
por ser más un jugador de fuerza que de técnica, fui un
obrero del fútbol y siendo obrero es casi imposible llegar a ser
director”. Su derroche, no obstante, permanece en el recuerdo del
algecirismo. |