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Existen algunas personas que nacen con un talento natural hacia una determinada actividad. La naturaleza se encarga después de que la puesta en escena de ese talento se convierta en hecho consumado. Ángel Sáez, delantero, nació con el fútbol, la técnica y la visión que conllevan en la cabeza. Y sólo su carácter alérgico a la disciplina excesiva impidió que Sáez fuese una estrella de ámbito mundial, sin nada que envidiar a cualquier crack de los que hoy cobran cantidades multimillonarias. Sáez marcaba goles con una naturalidad que asustaba a propios y extraños. Siempre estaba perfectamente situado en el área. Elegía el momento sin dudar. Acertaba a poco que tuviese ocasión. La afición todavía añora su regate y la garantía de gol y fútbol arte que suponían su presencia. La década de los 70 fue suya. Y también el algecirismo le hubiera regalado El Mirador si hubiera hecho falta. Maldita disciplina. |